Uno de tantos problemas.

Cualquiera que leyera este título y se diera cuenta que es el primer escrito de este blog, casi de forma automática concluiría que es otro sitio donde una persona detrás de un teclado se queja de una u otra cosa para obtener atención. Si eso es lo que creiste hasta llegar aquí, pues tranquilo (no acertaste). Este blog no está destinado a situaciones así, sin embargo, acertar o no, no significa nada en absoluto, ni habla sobre tu personalidad, pero sí es importante para el tema central del que escribiré hoy.

Durante algunos años he visto personas hacer cosas malas y ser duramente criticadas a través de todos los medios de comunicación conocidos, he visto personas hacer cosas buenas y aún así ser criticadas aún más duramente por los demás, los ancianos en mi país tienen un dicho para eso: “La gente no está contenta con nada” o ” Nunca quedaras bien con nadie”. Frases que me he creído con el paso del tiempo, sin embargo he llegado a distintas conclusiones que me hacen afirmar contundentemente que quienes decidimos tener opiniones negativas sobre otras personas y sus actos y quienes decidimos que las cosas nos molesten somos nosotros mismos.

El ejemplo más contundente y fresco que me viene a la mente tiene lugar en el medio tiempo del Superbowl 2021, su servidor observó y presenció una presentación fenomenal que dicidí disfrutar hasta el final, dicha presentación estuvo acompañada de calidad musical, grandes bailes, interpretaciones y mucha energia, al término de esta, mis reflejos millenians me hicieron revisar mis redes sociales, una parte de mi sabía y estaba dispuesta a leer comentarios a favor y en contra de lo acontecido apenas unos minutos antes. Mi sorpresa fue que en esta ocasión encontré mucho más odio del que habitualmente suele haber entre mis contactos y no contactos en mis redes sociales. Miles de comparaciones que de una u otra manera desquebrajaban el trabajo de una o más personas y críticas de todos, supieran o no de la situación, en varios de esos comentarios descubrí personas que se inclinaban por presentaciones pasadas, pero que en charlas previas confesaron no haber visto nunca un medio tiempo, en fin fue muy curioso para mí resolver en mi cabeza, que nosotros mismos decidimos que las cosas nos incomoden, decidimos criticar trabajos de otros solo por qué si, o por vernos interesantes. Soy un gustoso empedernido de que todos podamos opinar de cualquier cosa en la actualidad, sin embargo creo que no hemos sabido controlar esta libertad tan bonita como lo es opinar libremente.

Yo al igual que muchos (estoy seguro) decidí disfrutar y muchos más decidieron incomodarse solo por qué si.

No daré un discurso sobre la empatía y bla bla bla, solo deseo que en el futuro opinemos y critiquemos duramente a quien se lo merece y tengamos a bien adular y apoyar a quien también lo merece.

Comencemos por pensar y hacer cosas buenas desde detrás del teclado.